
Las sombras agrandadas eclipsan las tenues luces de penoso y lento desarrollo. En la aritmética de la historia boliviana, son mayores las restas del atraso anacrónico que las sumatorias de logros integrales, se evidencian las divisiones sociales, antes que la multiplicación de resultados positivos.
El bicentenario; tan disminuido en las celebraciones por el desprecio hacia los estertores del anterior gobierno, salpicado de nefasta corrupción y enriquecimiento ilícito, pasó casi desapercibido, a un año de ello, existen más preguntas que probables respuestas de cara a la nueva centuria.
Bolivia atraviesa una nueva crisis que posterga anhelos y hereda retrógradas postergaciones
Una pregunta de muchas es: ¿Continuaremos anclados en el subdesarrollo por otros cien años?
Una de las principales generadoras contraproducentes es la mala calidad de vida que tiene el paralelismo de la educación, tan extemporánea como incongruente. Bolivianas y bolivianos aprendemos -salvo excepciones excepcionales- a memorizar antes que razonar, nos mal acostumbran a aprender por repetición y no por discernimiento, y en ese contexto; es viable como factible, olvidar o soslayar principios, valores y ética.
Si no cambia el sistema educativo, proseguiremos con la histórica narrativa del atraso de muchos, en beneficio de pocos oportunistas delictivos en función de gobierno o autoridad.
La empatía continuará siendo una utopía, la protesta, una acción manifiesta y recurrente, el extractivismo incrementará los porcentajes de destrucción y cero reposición por la deforestación y la contaminación. Recursos naturales no renovados en territorios saqueados y con regalías desproporcionadas.
La economía informal y el desempleo; dos realidades -como asimétricos registros estadísticos- que alentarán y alimentarán la violencia delictiva.
Seguramente preservaremos el perorgullo de tradiciones folclóricas en fastuosos eventos donde el derroche y el alcohol desatarán como cada año, pasiones que aterrizarán en arrepentimientos extemporáneos.
No es necesario ser pitoniso para presagiar situaciones, circunstancias y efectos posteriores de consabida postergación nacional, de proseguir priorizando el "métele más", los espejismos serán causa-efecto de ausencia de respeto y planificación, de indisciplina e intolerancia y beligerancia.
El calendario de la próxima centuria conlleva la penuria de ser por otro siglo, el país en vías de desarrollo, con variopinta pobreza. Sin embargo; también con escenarios propicios para el ventajismo, la conveniencia, el utilitarismo y el pragmatismo (en sentido negativo), que fundamentan el apetito político, sindical, laboral. Incluso en escenarios de justicia y religión. Ya Cristo definió metafóricamente a los fariseos como sepulcros blanqueados, en evidente alusión a la hipocresía de poder, impunidad y explotación, constante soberbia y persistente demagogia.
El tricentenario -si acaso, no se acaba antes el mundo- podría ser para la manoseada patria; una copia del presente que repite el pesado pasado con más de lo mismo.
Eliminar lo nocivo, revertir lo podrido, transparentar acciones e instituciones es lo primordial. El desequilibrio tendrá que dejar su incidente rótulo perjudicial, caso contrario el descalabro está en camino inevitable de desenlace.
Bolivia.
Bolivia.
Bolivia.

QUIQUE FRANCK
Periodista - Escritor
