
La colectividad boliviana ha dejado una huella indeleble en la provincia de Buenos Aires, transformando no solo la economía local, sino también el entramado sociopolítico y territorial de la región. Sin embargo, a pesar de su innegable peso demográfico y comercial, la comunidad se enfrenta al desafío de traducir esa relevancia en representación política real. Un referente de ese proceso es Cristian Rios, un líder con agenda de proyectos que busca consolidar una agenda en Argentina y en Bolivia.
La trascendencia de la comunidad boliviana en la provincia de Buenos Aires tiene uno de sus mayores epicentros en el partido de Lomas de Zamora. En 1991 y 1992, inmigrantes bolivianos que previamente trabajaban en ferias itinerantes adquirieron terrenos en Ingeniero Budge para fundar la feria Urkupiña, bautizada así en honor a la Virgen de Urkupiña, de la cual la colectividad es devota. Este emprendimiento fue el germen de lo que hoy se conoce como la Feria La Salada, considerada el complejo ferial y mercado negro más grande de Sudamérica.
Con el paso de las décadas, el dinamismo de la colectividad no se detuvo en Lomas de Zamora, sino que se expandió hacia otros sectores del conurbano, como el partido de La Matanza. Allí, las nuevas generaciones de la comunidad han impulsado proyectos inmobiliarios e incipientes barrios privados como una muestra de movilidad social ascendente, buscando espacios de seguridad, contacto con la naturaleza y un sentido de pertenencia frente a la discriminación y estigmatización que a menudo sufren. Estos procesos reflejan una comunidad que no solo produce riqueza, sino que aspira a mejorar sus condiciones de vida y a reinvertir en el territorio que habitan.
A pesar de su capacidad de organización económica, la colectividad boliviana ha sido históricamente marginada de los espacios de toma de decisiones. Frente a esta realidad, han comenzado a gestarse alternativas políticas representativas. Un ejemplo es "Sumando Identidades", una estructura nacida con la premisa de "no dejar a nadie afuera" y hacer que todos se sientan partícipes, uniendo diferentes formas de pensar en pos del bienestar común.
Este esfuerzo organizativo cobró gran visibilidad en el ámbito electoral del partido de La Matanza a través de la lista "Construyendo Porvenir", encabezada por Cristian Ríos, un comerciante argentino e hijo de bolivianos. Este espacio alternativo se presentó en las elecciones municipales con el objetivo de llegar al Honorable Concejo Deliberante (HCD). La lista se destacó por ser una representación genuina de las colectividades de inmigrantes —bolivianos, paraguayos e italianos— que residen en el distrito.
"Queremos ser escuchados", fue el reclamo central de este frente, que surgió del cansancio ante las promesas políticas incumplidas y la necesidad de tener voz propia para resolver las necesidades cotidianas de los vecinos. El involucramiento activo de la comunidad demuestra un cambio generacional: ya no buscan solo sobrevivir o prosperar económicamente, sino incidir directamente en las políticas públicas locales.
Cristian Ríos, un dirigente y emprendedor combina una fuerte identidad comunitaria con un enfoque pragmático, conciliador y orientado a la acción. Él es el resultado de la movilidad social de Bolivia en Argentina que ha sabido integrarse desde sus orígenes. Es argentino, hijo de padres nacidos en Cochabamba y La Paz, vivió los inicios de la feria Urkupiña en La Salada y en la actualidad forma parte de un colectivo de empresarios que está organizándose tanto en Argentina como en Bolivia.
Durante los días previos a las elecciones generales en Bolivia, la agrupación de la que forma parte Ríos facilitó la llegada del candidato Rodrigo Paz Pereira a Buenos Aires. Una visita que esperan motivará al menos dos proyectos conjuntos entre Bolivia y Argentina.
Al describir su rol en la agrupación "Sumando Identidades", destaca que su objetivo es "levantar siempre a los compañeros... que se sientan líderes realmente", para construir una base sólida. Su empatía se evidencia en su preocupación por los migrantes que llegan al país y "se sienten solos en el mundo" al enfrentarse a un sistema burocrático engorroso; para ellos, impulsa la creación del Instituto de Promoción Argentina Boliviana con el fin de brindar apoyo institucional y humanitario en trámites básicos o acceso al trabajo. Además, concibe la política desde una mirada amplia e inclusiva, abriendo su espacio político no solo a la colectividad boliviana, sino también a paraguayos, italianos, gallegos y portugueses.
Se define como una persona alejada de los fanatismos. Rechaza explícitamente ser encasillado en un polo político, afirmando que "no somos ni de izquierda ni de derecha" y advirtiendo que "los extremos son malos", ya que considera que la extrema derecha actual está destruyendo a las pymes y la base comercial del país. Su enfoque se basa en "utilizar la lógica dentro de la política", priorizando el sentido común y la resolución de problemas cotidianos por encima de las disputas ideológicas.
Con 15 años de trayectoria como corredor inmobiliario y desarrollador, Ríos anticipó que está en curso uno de sus proyectos de gran escala en Tarija, similar según señala a "la nueva Santa Cruz". Un desarrollo inmobiliario que se realizará en conjunto con otros socios de la colectividad boliviana en Argentina.
Ríos demuestra un carácter templado frente a las adversidades y hostilidades propias del entorno político del conurbano bonaerense. Relata episodios de extrema tensión, como el secuestro de un micro con sus fiscales de mesa durante las elecciones presidenciales de 2021. Sin embargo, frente a las prácticas mafiosas, elige no responder con violencia: "si vos demostrás odio, el odio te vuelve... queremos llevar el camino del aprendizaje". Demuestra paciencia y una mirada a largo plazo, asumiendo que el camino político es difícil y que las semillas que él y su grupo plantan hoy quizás recién sean cosechadas por las futuras generaciones.
Se proyecta como un líder generacional que busca romper el techo de cristal de la comunidad migrante en Argentina, combinando la tenacidad y el pragmatismo del mundo empresarial con una sensibilidad social orientada a la protección y la integración de las comunidades marginadas.
La comunidad boliviana en la provincia de Buenos Aires atraviesa un momento bisagra. Tras haber consolidado su poderío comercial en centros neurálgicos como Lomas de Zamora, hoy buscan romper el techo de cristal de la representación política mediante organizaciones que suman la identidad migrante a las elecciones locales. Al mismo tiempo que, dado el recambio en la política boliviana gestiona un nuevo relacionamiento con los connacionales en el exterior, a partir de un pragmatismo moderado en lo ideológico.

MARCELO ÁLVAREZ ASCARRUNZ
Comunicador y periodista boliviano en Argentina
