
"A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos por el mismo motivo y con la misma frecuencia"
No recuerdo el nombre del autor, sin embargo, es una verdad absoluta, aunque parezca metafórica.
La política es el arte del engaño y cobija una alta dosis de mitomanía. Los políticos se insuflan de jactancia y petulancia por marrullerías interesadas en beneficios individuales. Otro pensamiento popular cargado de morbo señala:” Prometer, prometer hasta meter, una vez metido nada de lo prometido"
Nuestra atmósfera política tiene esos elementos perniciosos. En las últimas décadas nos saturamos de mentira, corrupción, saqueo e injusticia, pero también y además de anacronismo, en el que la educación experimenta un retroceso alarmante y más que preocupante. Los niveles de aprendizaje y aprovechamiento son deplorables con indicadores e índices de pobreza extrema. Tenemos los peores referentes de crecimiento intelectual, el sistema educativo boliviano tiene el centralismo de programas impuestos bajo la ilógica lógica político partidaria, en la que la dictatorial ley Avelino Siñani condiciona el aprendizaje a la sujeción ideológica. Estamos notoriamente atrasados en los avances de la educación actualizada donde los complementos de la tecnología ya son imprescindibles.
Los fundamentos de la educación no albergan la saludable ecuación de: aprender con procesos de educar, enseñar y asimilar.
La escuela ya no educa en base a principios y valores donde el respeto es determinante, ahora sólo se enseñan materias bajo el criterio de aprender memorizado. El método deductivo-inductivo-reflexivo está prácticamente ausente de las aulas, a nuestros estudiantes ya no les agrada leer ni analizar, el celular y la computadora sirven más que para investigar a profundidad, para el clásico y recurrente copy paste.
La ortografía como la caligrafía están en inanición literaria, dónde el vocabulario es incipiente. Los exámenes orales reflejan la paupérrima preparación en oratoria. La negativa sintomatología educativa luego conlleva a tener similares dificultades en las universidades y en consecuencia posterior, en las actividades profesionales.
Desaparecieron los laboratorios y los talleres, aunque en tiempos del evismo masismo proliferaron los eventos de adoctrinamiento político para adolescentes e incluso niños. El socialismo del siglo XXI nos hereda mediocridad por doquier, con un sistema educativo deteriorado y colapsado, quitar la raíz y cizaña deberá ser prioridad del nuevo gobierno para un renovado tiempo educativo sin imposiciones políticas ni miopías degenerativas. Aprender a desaprender lo que no corresponde por ser nauseabundo e improductivo será imperativo para cambiar nuestra manoseada educación, salpicada de perjuicio multiplicado.

QUIQUE FRANCK
Periodista - Escritor
Imagen: Freepik.
