Para Alberto Sciamma, el salar de Uyuni tiene algo de catedral: silencio, colores y una sensación de estar frente a algo difícil de explicar. Esa fue parte de la magia que halló en Bolivia cuando buscaba convertir en película una imagen que llevaba años en la cabeza. El director español terminó rodando Cielo con un equipo mayoritariamente boliviano y, después de recorrer festivales internacionales, la cinta llegará a las salas del país el 3 de septiembre.

Cielo es un filme de ficción coproducido entre Bolivia y Reino Unido, rodado en el altiplano boliviano y protagonizado por la niña boliviana Fernanda Gutiérrez Aranda junto a actores como Fernando Arze, Luis Bredow, Cristian Mercado y Juan Carlos Aduviri.

La trama sigue a Santa, de ocho años, que emprende un viaje por el altiplano para cumplir una promesa hecha a su madre: llevarla al paraíso. En el camino aparecen cholitas luchadoras, un sacerdote y un policía, mientras la cinta mezcla realismo mágico, fantasía y elementos surrealistas.

Antes de que existiera esta historia, Sciamma solo tenía una escena en mente: una niña que se tragaba un pez en medio de un desierto, frente a un lago. No sabía quién era ni qué significaba aquella imagen.

Siete años atrás, unas fotografías familiares del país que le mostraron sus productores comenzaron a darle un lugar. Eran imágenes del salar de Uyuni, La Paz, Santa Cruz y otros sitios, pertenecientes a los álbumes de la familia de Ana María Vera, pianista boliviana y una de las personas fundamentales para que el proyecto tomara forma.

“Lo que yo vi me encantó. Entonces empecé a desarrollar esa imagen pensando en Bolivia. Fui a Bolivia, empecé a trabajar el guion y, como me enamoré completamente de todo lo que veía y de sus gentes, decidí finalmente meterme a hacer la película en Bolivia”, contó en una entrevista con el programa De Jungla a Jungla, conducido por dos bolivianas residentes en Nueva York, al recordar qué encontró cuando comenzó a desarrollar el filme.

Fue así como aquella imagen inicial comenzó a tomar forma en tierras bolivianas.

Una película hecha desde Bolivia

Sciamma tenía claro que no quería llegar como un director extranjero para observar y retratar una cultura ajena. Tampoco buscaba hacer una película antropológica. Su intención era trabajar con artistas y técnicos bolivianos y construir el proyecto desde el país.

“Nosotros no fuimos a filmar a Bolivia, nosotros hicimos una película boliviana con todo un equipo boliviano”, sostuvo.

Esa decisión terminó influyendo incluso en la manera de resolver los problemas más pequeños del rodaje. Cuando hacía falta un objeto, un elemento de utilería o alguna solución para una escena, en otras producciones en las que había trabajado la respuesta podía ser llamar a alguien, alquilarlo y esperar a que llegara al set.

En Bolivia, muchas veces había que hacerlo.

Y esa forma de resolver las dificultades terminó sorprendiendo al director.

El paisaje que parecía imposible

La misma impresión apareció frente al paisaje. El salar de Uyuni le pareció un espacio casi irreal. El silencio le recordó a una catedral y los colores del altiplano —el verde, el marrón y el azul intenso del cielo— alimentaron la dimensión fantástica que buscaba para la historia.

Cielo necesitaba precisamente esa frontera borrosa entre lo real y lo mágico.

En la trama, Santa cree que el cielo es un lugar físico al que puede llegar caminando. Cuando su madre muere, decide transportarla en un barril sobre una carreta para encontrar ese sitio.

La fantasía no funciona como un simple adorno. Sciamma quería conservar la forma particular en que una niña puede mirar el mundo antes de que la lógica adulta termine imponiéndose sobre cada cosa.

Por eso la protagonista era fundamental.

La niña que dio vida a Santa

La búsqueda de Santa comenzó en colegios de El Alto. Primero encontraron a tres niñas, pero cuando regresaron para continuar el proceso ya habían crecido demasiado para el papel.

Entonces apareció Fernanda Gutiérrez Aranda, quien estudiaba violín en la escuela Bolivia Clásica.

Cuando Sciamma la conoció, descubrió a una niña con una madurez poco habitual para su edad. Había leído toda la colección de Harry Potter que tenía disponible y estaba adelantada en el colegio.

“Me di cuenta que no tenía siete, que tenía 45”, recordó entre risas.

Pero esa madurez no significaba que la pequeña actriz comprendiera automáticamente las reglas de un rodaje. Uno de los desafíos fue enseñarle a distinguir entre la ficción y las emociones reales de una escena.

En los ensayos, por ejemplo, una escena en la que el policía le gritaba podía asustarla porque todavía no diferenciaba completamente al actor del personaje que interpretaba Fernando Arze.

“A Fernando, que esto se acordará él, le pusimos el dibujo de un osito en la camiseta para cuando estuviera actuando enfadado, ella se acordase de él. Pero una vez lo enganchó, entonces ya le quitamos el osito”, recordó.

El director prefirió no dar más detalles para mantener la expectativa ante la película.

Una historia que nació del duelo

Lo que estaba construyendo también tenía una raíz personal.

Cuando le preguntaron qué estaba viviendo cuando comenzó a escribir Cielo, Sciamma respondió que no habría podido hacer la película antes. Necesitaba digerir algunas experiencias.

Su hermano murió a los 18 años y, según contó, la familia quedó profundamente afectada. Su padre tuvo dificultades para salir de ese dolor, mientras que su madre encontró una manera de seguir adelante.

Sciamma no trasladó esos hechos literalmente a la pantalla, pero sí llevó sus emociones al relato. Por eso considera que Cielo es quizá su película más personal.

Al escribirla se impuso una sola regla: “intentar ir al corazón”. Quería que los personajes transmitieran cariño y sentimientos antes que explicar una historia de manera matemática.

La imaginó como una flor que necesita barro y tierra para crecer: primero aparece la oscuridad y después, poco a poco, la esperanza.

Esa búsqueda también explica una decisión visual: alejar el relato de la tecnología. En la trama no hay teléfonos ni elementos que permitan ubicarla con facilidad en una época determinada. Sciamma buscaba una especie de pureza visual, concentrada en los espacios, las personas y la sensación de estar en un lugar fuera del tiempo.

Bolivia, un lugar al que quiere volver

Antes de Cielo, Sciamma había filmado en Inglaterra, Francia, España, Marruecos, Italia, Canadá y Australia. Pero hay una diferencia que él mismo destaca: “Ha habido un poco de todo. Pero Bolivia es el único sitio que quiero volver”. Y ya trabaja en ello.

El director prepara una nueva película con el mismo equipo boliviano y bajo el mismo espíritu de su proyecto actual, aunque será una historia independiente. Esta vez imagina otros paisajes: parte de la trama transcurrirá en La Paz y otra en los alrededores de Santa Cruz, entre espacios verdes y de jungla.

Cielo fue filmada en Bolivia en 2024 y luego inició un recorrido internacional. La película pasó por 33 festivales y obtuvo reconocimientos, entre ellos tres premios en Fantasporto 2025: el Premio Especial del Jurado, el Premio del Público y el galardón a Mejor Fotografía.

Ahora vuelve al país donde comenzó a tomar forma y el 3 de septiembre llegará a las salas bolivianas.

Para Sciamma, el viaje fue también otro. Bolivia ya no es solo el lugar donde encontró el cielo de su historia. Es el lugar al que quiere volver.

 

CRÉDITOS

Redacción: ABI.

Fotografías: ABI.

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