El Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) 2026 fue el escenario para la premiere del documental: "Una escuela en el cielo, un pueblo en el suelo", una coproducción entre Argentina y Bolivia. Dirigida por el realizador argentino José David Apel, la película de 72 minutos nos transporta a los valles interandinos bolivianos para explorar la vida, la educación y el trabajo temprano de los niños y niñas.

La obra, que destaca por su impresionante fotografía en blanco y negro y sus imponentes vistas aéreas capturadas con drones, es un documental observacional que retrata a los niños de la comunidad de Ilabaya y las cercanías de Sorata. En la película, los jóvenes asisten a una escuela que funciona como un oasis donde aprenden desde robótica hasta la preservación de su lengua y tradiciones ancestrales. Sin embargo, la cámara también los acompaña fuera del aula, evidenciando una infancia entrelazada con la adultez bajo el peso del trabajo infantil y la herencia comunitaria.

Durante la conferencia de prensa oficial en el BAFICI, que contó con la cobertura de Ruta1825.com.bo, los creadores revelaron detalles clave de la realización. El director José David Apel, junto al productor Octavio Reyes, explicaron que el origen del proyecto se remonta a un fragmento de un documental francés del año 2000, el cual mostraba a niños bolivianos arreglando baches en la antigua "carretera de la muerte" a cambio de monedas. Al llegar a investigar a la región, el equipo decidió centrar la historia en la escuela local como nexo de la comunidad.

"Nosotros no elegimos a los niños, sino que fue la comunidad la que lo eligió", confesó Apel, destacando que el apoyo de los líderes comunitarios abrió un "abanico de confianza" que fue clave para lograr la naturalidad y cercanía en el rodaje. El equipo pasó todo un mes conviviendo en la escuela para romper el hielo y lograr esa intimidad en pantalla.

El filme expone realidades sociales controversiales de los andes bolivianos. Apel relató que “muchos de los niños que aparecen en la película son huérfanos de padres que perdieron la vida trabajando en las minas”. Por lo tanto, el trabajo en la tierra y en las carreteras no es una elección, sino una necesidad para ayudar a sostener a sus familias. Según el director, el documental busca visibilizar este "aprendizaje circular que no termina nunca", donde los niños, en lugar de jugar al fútbol o disfrutar del esparcimiento, deben retornar al trabajo de la tierra apenas suena la campana de salida.

Para el público boliviano, la noticia de esta presentación es el compromiso de los realizadores de devolver la obra a sus protagonistas. “Se ha diseñado una estrategia de distribución para proyectar la película prioritariamente en Bolivia, comenzando por funciones especiales en Sorata e Ilabaya para que la comunidad pueda verse en la pantalla. Posteriormente, se espera que el filme recorra cinematecas y universidades de todo el territorio nacional.

Producida por Pirámides y Muros, la película se consolida como una mirada poética y etnográfica imperdible sobre la memoria, la educación y el futuro de las comunidades indígenas.

 

CRÉDITOS

Redacción: Marcelo Álvarez Ascarrunz, corresponsal de Ruta1825 en Argentina.

Fotografías: Ruta 1825.

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