El algodón, uno de los cultivos que durante décadas sostuvo comunidades rurales y alimentó a la industria textil boliviana, hoy sobrevive entre galpones llenos y mercados vacíos. Así lo advierte la Federación de Productores de Algodón (FEDEPA), que esta semana llevó su preocupación hasta la Brigada Parlamentaria de Santa Cruz, con una denuncia que habla de obras paralizadas, recursos mal ejecutados y decisiones estatales que habrían golpeado de lleno a la producción nacional.

FEDEPA, que agrupa a pequeños y medianos productores cruceños, describe un escenario crítico: 3.500 fardos de algodón sin comprador, productores sin acceso a crédito para la próxima campaña agrícola y familias que comienzan a ver en la migración la única salida posible.

En el centro del reclamo está el Programa Nacional de Apoyo y Fortalecimiento a la Producción de Algodón (2022–2025), creado con la promesa de reactivar el sector. El programa, respaldado por más de Bs 122 millones, tenía como obra emblemática una planta desmotadora, clave para dar valor agregado a la producción.

Pero hoy, esa planta está judicializada y paralizada. Según la federación, mientras los informes oficiales hablan de un avance físico del 65%, inspecciones recientes muestran una realidad distinta: apenas un 30% de avance real, frente a un 88% de ejecución financiera. Para los productores, la ecuación es clara y preocupante: millones de bolivianos ejecutados, resultados mínimos y un posible daño económico al Estado.

A esto se suma otro dato que agrava la sensación de abandono: cerca de Bs 30 millones destinados a impulsar la producción y abrir mercados no fueron ejecutados y terminaron revertidos, no por falta de necesidad, sino —según FEDEPA— por incapacidad de gestión.

La denuncia también apunta a decisiones que, lejos de proteger la producción nacional, habrían profundizado la crisis. FEDEPA cuestiona la compra de algodón hidrófilo importado por parte de la Caja Nacional de Salud, en desmedro de proveedores bolivianos que incluso impugnaron formalmente el proceso.

Para los productores, este hecho no solo representa una pérdida económica directa, sino un mensaje desalentador: mientras el discurso oficial habla de sustitución de importaciones, el Estado compra afuera lo que se produce dentro del país.

El deterioro de la empresa estatal SENATEX aparece como otro capítulo de esta historia. La empresa, que años atrás llegó a generar miles de empleos y exportar a grandes marcas internacionales, hoy enfrenta deudas salariales, servicios impagos y un endeudamiento que supera los Bs 320 millones.

Para FEDEPA, la crisis de SENATEX no es un problema aislado: arrastra a toda la cadena del algodón, reduce la demanda interna y deja al productor primario sin un socio estratégico que absorba su cosecha.

Cuando el campo se queda sin futuro

El impacto ya se siente en el área rural. Sin mercado y sin financiamiento, muchos productores evalúan abandonar el cultivo. FEDEPA advierte que, si no hay medidas urgentes, el resultado será menos empleo rural, más migración hacia las ciudades y mayor pobreza, en zonas que históricamente vivieron del algodón.

Ante este panorama, la federación exige investigaciones parlamentarias, auditorías externas y la remisión de antecedentes a la Contraloría y al Ministerio Público. También pide medidas inmediatas de reactivación, antes de que el daño sea irreversible.

“El sector algodonero está en estado crítico”, advierte FEDEPA. Y su mensaje va más allá de un reclamo sectorial: lo que está en juego es la soberanía productiva, el empleo rural y el futuro de una cadena que alguna vez fue orgullo nacional.

 

CRÉDITOS

Redacción: La Paz.

Fotografías: FEDEPA.

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